lunes, 19 de agosto de 2013

Sin descanso..

Aun me tiembla todo el cuerpo, no del miedo, sino del placer que me has causado durante estas últimas horas que hemos estado juntos. Aun oigo el látigo contra mi cuerpo, tu mano contra mi cara, tu cuerpo contra el mío. Aun siento el calor en las nalgas, las mejillas sonrosadas (y no por pudor), mi cuerpo excitado, caliente, tenso, a pesar de haberme corrido para ti en más de una ocasión. Me das tiempo para descansar, para que yo me relaje, para que mi cuerpo se relaje, descanse y se prepare para más, mientras tú estás sentado en el sillón, con tu ipad, escribiendo, leyendo, chateando, no lo sé, pero sé que mirando de reojo hacia donde estoy yo, para poder controlar cada gesto que pueda hacer.

Mientras yo solo cierro los ojos, y recuerdo todo lo que ha pasado, no con la intención de excitarme, sino porque me ha encantado, y no consigo que se me vaya de la cabeza.

Cuando llegaste yo estaba como me habías ordenado. Esperaba en la entrada de la habitación, de rodillas, con las manos a la espalda y los ojos cerrados. Mi cuerpo ya había sido preparado para ti, no solo bien limpito y sequito, sino también me había preparado el ano para que pudieses usarlo a tu antojo sin necesidad de perder el tiempo preparándolo en el momento, ya que me avisaste que no lo perderías, y que si no lo preparaba no tendrías compasión.

Esperaba ansiosa, nerviosa, tenía muchas ganas de verte, pero sabía que hoy sería duro, que no me lo pondrías fácil. No dejaba de pensar en qué pasaría, si aguantaría o no, si me azotarías o no, cuando llegarías, solo recordaba esa llamada, de: 'ponte en tu posición, y espera'. En ese momento, dejé de prepararme el culo para ponerme de rodillas y esperarte. No sé cuánto tiempo pasaría porque no tenía ningún reloj cerca y no me atrevía a moverme ya que mi orden era estar ahí y esperar, hasta que por fin oí las llaves en la puerta. En ese mismo instante mi cuerpo se tensó, empecé a sentir calor, cerré los ojos con fuerza, porque sabía que si te notaba cerca sería un gran esfuerzo no abrirlos, y así fue. Oí como te movías por la casa, supongo que dejando las cosas que habías traído, o cambiándote, no sé, pero tardaste en venir a la habitación.

Cuando te sentí al lado, noté como me empezaba a excitar, no sé si por tu presencia, por la situación, o por todo a la vez. Pasaste tus manos con delicadeza sobre mi cabeza, tocando mis ojos, asegurándote de que estaban cerrados para después poner una venda sobre ellos. A continuación fuiste bajando la mano por mi espalda, una caricia que hacía que me estremeciese de placer, hasta que llegaste a mis manos, pusiste las muñequeras, y las juntaste para que yo las agarrase y no las moviese de ahí. Después te acercaste a mis tobillos y también les pusiste las tobilleras y en ese instante desapareciste.

Necesitaba oírte, sentirte, tocarte, verte, pero no podía hacer nada, sabía que no podía hablar si no era algo sumamente importante y urgente, o si no tenía tu permiso, no podía moverme a pesar de que mis piernas se fuesen resintiendo de llevar un tiempo así, casi tenía ganas hasta de gemir, pero aguantaba ahí, en esa postura, sabía que tú estabas haciendo tus cosas, no quería molestar, de hecho la intención era que ni me notases por ahí cerca.

Al de un rato llegaste de nuevo a la habitación y me pusiste el collar. No sabes qué placer me da cuando me lo pones, cuando lo aprietas sobre mi cuello como diciendo: 'eres mía, que no se te olvide'. Después pusiste la correa al collar y tiraste hacia arriba para que me levantase. En cuanto lo hice no tardaste en coger mis manos y ponerlas a lo alto apoyándolas sobre la pared. Después separaste mi cuerpo de la pared, y empezaste a dar pataditas sobre mis piernas para que las separase.

Me sentía completamente expuesta, tenía la espalda curva  para que tuvieses el culo más accesible, notaba como me iba excitando a cada segundo que pasaba, y aún casi ni me habías rozado. Hasta que de repente note tu cuerpo contra mí, noté tus pantalones rozando mis nalgas, tu torso desnudo apoyado sobre mi espalda mientras tu mano bajaba hacia mi coño, supongo que a comprobar lo mojada que estaba, lo cual me resultaba un poco humillante ya que apenas me habías tocado. Metiste un dedo en el coño, lo pasaste por el clítoris y enseguida lo sacaste y lo llevaste a mi boca. Comencé a lamerlo, a sentir mi excitación y a excitarme más, a intentar hacerlo bien para ver si así conseguía que volvieses a meterlo en el coño, pero no fue así. Una vez que terminé de lamer el dedo, lo sacaste y acto seguido metiste una bola de una mordaza sobre mi boca, apretándola con fuerza, asegurándote de que por mucho que lo intentase no pudiese sacar la bola ni un mm.

Entonces te pusiste a un lado, agarraste mi pelo con fuerza echando mi cabeza hacia atrás y comenzaste a azotar mi culo. Lo hacías con el látigo, notaba como el látigo golpeaba mis nalgas pero las puntas del látigo se quedaban en los muslos. Al principio comenzaste suave, pero poco a poco fuiste cogiendo ritmo y fuerza y cada vez iba notando como mis nalgas se iban calentando, como la baba comenzaba a resbalar sobre mi pecho por los gemidos que intentaba soltar pero que se quedaban atrapados con la mordaza, y como sin querer intentaba moverme, pero tú me volvías a dar un tirón en el pelo para que no me molestase en intentarlo siquiera.

Te separaste, pensé que mi culo podría descansar pero todo lo contrario, solo me dijiste: 'ni se te ocurra moverte zorra', y comenzaste a azotar las nalgas esta vez más despacio pero con mucha más fuerza, haciéndome gritar en cada azote, haciendo que mi cuerpo se estremeciese, pero manteniendo la postura y preparándome para recibir el siguiente. Y ya cuando no podía más, cuando las lágrimas iban a empezar a asomarse, paraste, apoyaste el látigo sobre mi hombro y pusiste tus manos sobre mis nalgas. No sé si tu intención era relajarlas, aliviarlas, pero el resultado era completamente diferente, me ardían, me dolía cada roce con tu mano y me imagino que lo sabías porque cuando gemía las apretabas o acariciabas con más fuerza aún.

Entonces cogiste de nuevo el látigo y empezaste a azotar la espalda, de nuevo lo hacías despacio hasta que ya ibas cogiendo ritmo y me dabas azotes muy fuertes que me costaba aguantar. Una vez que te pareció suficiente me diste la vuelta y empezaste a azotar mis pechos. Mis manos seguían a lo alto, por lo que los pechos estaban totalmente accesibles para ser azotados, para dejarlos bien rojos que me imagino es como me los dejaste.  Cuando paraste, te acercaste a mí y mientras tenías tu boca cerca de la mía, sentía tu aliento cerca, tus labios rozaban los míos, pero no podía hacer nada, no podía besarte ni pedirte un beso, sólo aguantar sin hacerlo y aguantar la humillación que me provocaba tenerte tan cerca y que la baba se fuese deslizando por mi cuerpo. Cuando estaba así, tus manos estaban sobre mis pezones, lo mismo acariciándolos que pellizcándolos o retorciéndolos. Cogías los pechos con tus manos y los apretabas a conciencia, haciéndome cada vez mas difícil mantener la postura, aguantar los gemidos y las lágrimas.

Después te apartaste, notaba todo mi cuerpo dolorido, tenía ganas de acariciarlo con las manos, relajarlo, aliviar ese picor, pero sabía que no podía hacerlo, que no podía moverme si no tenía tu permiso. Al de unos minutos, me agarraste del pelo y me llevaste hacia la cama. Allí me pusiste a 4 patas, y cogiste mis manos y las ataste a la espalda. Después empezaste a separar mis piernas y ataste algo a las tobilleras. Notaba el aire rozando mi coño completamente abierto, excitado, mojado. Con tu mano comenzaste a acariciarlo, por fuera, con la palma de la mano, dando pequeños golpecitos, hasta que te apartaste y recibí el primer latigazo en el coño. No fue suave, como habías hecho anteriormente, no comenzaste suave, diste uno fuerte y volviste a acercar la mano para acariciarlo, y de nuevo recibí otro latigazo. Me dolió y por inercia intenté incorporarme, intenté cerrar las piernas, moverme, pero nada fue posible. En ese momento me di cuenta de qué habías puesto en mis tobilleras, me imagino que una especie de barra, que me impedía cerrarlas. De hecho cuando intenté hacerlo, noté como se te escapaba una sonrisa. Y sin que me diese tiempo a olvidarme del latigazo anterior, empecé a recibir más latigazos sobre el coño, esta vez más suaves pero mucho más seguidos. Me movía, gemía, notaba como iba mojando las sábanas con las babas, quería descansar un momento pero el único descanso que tenía era tu mano sobre mi coño durante unos segundos para después seguir recibiendo los latigazos.

Como si supieses cuando no iba a aguantar más, paraste de azotarlo y te centraste un rato en acariciarlo con fuerza, haciéndome sentir bien el calor que habían dejado los azotes, dejabas caer algún dedo sobre mi clítoris, excitándome, haciéndome suplicar en silencio que me follases con fuerza, que te follases a tu perra.

Entonces, aún con las piernas bien separadas, me ayudaste a incorporarme, quedándome de rodillas sobre la cama. Comenzaste a observarme, a acariciar los pechos, la tripa, parecía que repasabas las marcas que me habías dejado anteriormente, y entonces supongo que tocaste alguna zona mojada por las babas, porque comenzaste a darme alguna bofetada por haberte mojado, y por inercia, apartaba la cara, lo cual hacia que recibiese otra por retirar la cara. Recibí alguna que otra bofetada más hasta que conseguí aguantar 2 en cada lado sin mover ni un mm la cara.  Sabes que eso me humilla muchísimo, sabes que me duele mucho, pero también sabes que parte de esa humillación que siento con las bofetadas es porque termina excitándome muchísimo más.

Después noté como me ibas rodeando con cuerda los pechos, me hacías un bondage bien prietito, notaba como la cuerda me iba apretando, como iba levantando mis pechos y apretándolos al mismo tiempo. Cuando terminaste, acariciaste los pechos, comprobando que se habían quedado prietecitos, y me echaste de nuevo hacia la cama. Entonces noté como empezaste a jugar con mi culo, acariciabas el ano, echabas lubricante, metías un dedo, lo sacabas, después lo hacías con dos, o eso me iba pareciendo, hasta que de repente noté algo frío y más grande. Me puse un poco tensa, no sabía lo que era, y enseguida recibí un fuerte azote en la nalga para que me relajase y te dejase trabajar tranquilo. Noté como el ano se abría al máximo, como metías algo grande en él, el dolor iba en aumento según ibas apretando, hasta que por fin el dolor cesó, y lo que fuese que me metieses, entró. Empezaste a moverlo, para que lo notase, y notaba como tirabas de él, pero aún sin saber qué era.

Entonces noté que eso lo unías al bondage que me habías hecho en el pecho, en la parte de la espalda. Lo sabía porque tiraste de él, y lo dejaste tirante, que cada vez que intentaba relajar el cuerpo, me tiraba tanto de los pechos como del ano, por lo que intenté mantener esa postura en tensión para que al menos el ano pudiese descansar.

Te apartaste, supongo que a disfrutar de tu obra, y entonces casi sin darme tiempo a reaccionar, te acercaste a mí, y metiste tu polla en mi coño de golpe. Me hizo gemir como nunca, noté como me penetrabas hasta el fondo, al moverme noté como el ano comenzaba a tirarme, y entonces empezaste a follarme con fuerza. Me agarrabas de la parte de atrás del bondage y me follabas con fuerza, sin hacer caso a mis gemidos de dolor y de placer por supuesto. Sentía algo extraño mientras me follabas, ya que al tener eso metido en el culo, me parecía que me follabas los dos agujeros a la vez. Comencé a excitarme como nunca, tú me agarrabas fuerte del pelo recordándome que no podía correrme, que no tenía tu permiso, mientras no dejabas de embestirme con fuerza una vez tras otra.

En esa postura notaba como tus huevos golpeaban mi clítoris, gracias al bondage parecía como si tus manos estuviesen estrujando mis pechos con fuerza, sentía que me follabas los dos agujeros a la vez, era imposible aguantar sin correrme. Gemía, intentaba gritar, hacerte saber que era incapaz de aguantar tanto placer, y como si me leyeses la mente, me agarraste fuerte del pelo acercando tu boca a mi oído, y : 'tienes 1 minutos para correrte zorra'.

Seguiste follando, esta vez con más fuerza si es posible, clavándola más, y no tardé un minuto en correrme, en gemir todo lo que me permitía la mordaza, mientras seguía notando tus embestidas unas tras otra, sin descanso, notaba como todo el cuerpo se me tensaba, notando aún más esas pequeñas torturas que me habías puesto por el cuerpo, hasta que me corrí, y de golpe todo el cuerpo se debilitó, todo lo notaba mucho más sensible, pero a ti no te importaba, tu seguías follando y tirando de mi sin compasión, hasta que metiste tu polla bien adentro de mi coño y te corriste con fuerza también, noté como me llenabas, como disfrutabas usándome y teniéndome así.

Por inercia dejé que mi cuerpo descansase cuando te apartaste, pero ahí seguía el bondage atado al ano, tirando de él. Te acercaste a mí, me quitaste la venda de los ojos y viste como las lágrimas caían por los ojos, como a pesar de la mordaza me salía una sonrisa de agradecimiento por permitirme disfrutar tanto a tu lado, y entonces me desataste, me quitase la mordaza y me sacaste aquello del ano.

Dolió mientras tirabas de él para sacarlo pero más cuando me enseñaste lo que era. Un gancho metálico con una bola enorme en la punta, una bola que me había dado mucho placer, una bola que a pesar de haberla sacado aún la sentía dentro.


Basado en hechos reales

Dormía tranquilamente hasta que entraste en mis sueños. 

Soñé que estaba en la cama y te ponías sobre mi, sabiendo que así me despertaría sobresaltada, y aprovechaste ese instante en que abrí la boca del susto para ponerme el tanga en la boca y apoyando tu mano sobre mi boca y nariz, dificultándome la respiración, me susurraste: 'me apetece follarte perra, algún problema?', y moví los ojos hacia los lados diciendo que no, ya que era la única parte del cuerpo con la que podía contestarte. Mis manos estaban atrapadas por tu cuerpo y mi boca completamente tapada. 

Me bajaste con violencia los pantalones cortos con los que la noche anterior me dejaste dormir y casi sin darme tiempo a abrir las piernas ya me estabas follando. Me metiste tu polla entera haciéndome empapar el tanga al intentar gemir. 

No dejabas de follarme con fuerza mientras me abofeteabas, diciéndome que era tu puta y que me despertase para darte placer, que te ofreciese mis pechos para que los torturases. 

Justo cuando agarraste un pezón y comenzaste a pellizcarlo, a retorcerlo, desperté. 

Pero no desperté de cualquier forma, sino con la manos sobre mi coño, con mis dedos frotando mi clítoris, de hecho, desperté porque me estaba corriendo, me habías excitado tanto en sueños que inconscientemente mi mano fue a aliviar al clítoris y a frotarlo buscando un orgasmo que, he de reconocer, no tardó en llegar. 



domingo, 18 de agosto de 2013

Probando cosas nuevas

Nunca me habían envuelto en film, y la verdad que, es una sensación para repetir!!

Recuerdo cuando mi Amo me envolvió cual choricillo, no podía mover nada, tenía las piernas bien juntitas, las manos pegadas a los costados, bueno, se puede observar en la foto, como estaba jeje. 

Estaba de pie, cuando a saltitos me hizo ir hasta la cama para tumbarme, lo cual reconozco que me humilló un poquito, y seguro que tu encantado no mi Amo? ejje

Y me vi alli en la cama tumbada, completamente inmovil, con mi Amo encima de mi, jugando con mis pechos (cosa que le encanta por cierto), torturándolos, pellizcándolos, aprovechándose de que no podía gemir ni gritar, ni hacer nada con la mordaza que me había puesto. 

Recuerdo que poco despues me quitaste la mordaza, y comenzaste a follar mi boca, me ahogabas con tu polla, y en esa postura, me sentía super indefensa, no podía mover las manos para intentar apartarte, que ya sé que no debería ni intentar apartarte , pero por inercia mis manos iban a ayudar a mi garganta pero no podían.

Bueno sin más, que simplemente escribía la entraba para hablar sobre el film que es algo que nunca había probado y que me gustó mucho mi Amo, que en cuanto quieras podemos repetirlo de nuevo. El problema que tiene es que da mucho calor, jejej, muuucho calor, pero bueno, luego una duchita fresquita y listo :P


sábado, 17 de agosto de 2013

De vuelta..

Hace mucho que no pasaba por aquí, y eso se acabó! no puede ser, este blog siempre me ha gustado mucho, sé que es sencillito, que es muy normalito, pero a mi me gusta, refleja mucho como vivo el bdsm,  y bueno, para resucitar al blog, que mejor forma que una foto con alguna marquita hecha por mi Amo!


Os vais a quedar con las ganas porque no pienso decir con qué me hizo las marcas.. lo dejo para vuestra imaginación! jaja


Un besito a todos! y tambien aprovecho para daros las gracias por animarme a que vuelva a escribir!!